Comida callejera en Bangkok

_MG_7713Una de las cosas que más abruma al viajero cuando aterriza en Bangkok es que esta ciudad come las 24 horas del día, y convierte sus calles, barrios, templos y zonas comerciales en una inmensa y multicolor cocina. Y si además se trata de tu primera vez en suelo asiático, la sorpresa se multiplica y da paso a una extraña mezcla entre la fascinación y la repugnancia que rompe todas las reglas que, hasta entonces, tenías asociadas al hecho de comer.

La mezcla de olores, los carros ambulantes, las tiendas que invaden las aceras sin recato… atrapan al turista que cae hipnotizado ante extraños insectos asados, sacos de peces secos, interminables mostradores con productos desconocidos y la extrema amabilidad de los vendedores que acomodan sus carros en cualquier lado saltándose a la torera lo que los occidentales entendemos por salubridad. El espectáculo de las hileras de cazuelas burbujeantes con indescifrables guisos, las montañas de dim sum, las frutas y verduras exóticas, los patos asados colgados de cualquier lugar, las brochetas de todo aquello que permita ser atravesado por un palo… saturan la vista y el estómago, aunque no siempre en un sentido positivo.
Nuestras costumbres poco tienen que ver con esta cocina callejera y no solo por los ingredientes y las preparaciones. Hay un obstáculo que superar: un sentimiento cercano al asco; sé que a muchos les parecerá excesivo, pero es lo primero que, al menos, yo sentí {probablemente no ayudó el hecho de que la ciudad estuviera recuperándose de una de las inundaciones más importantes de los últimos años}.
Y no por los sabores que, con un poco de fortuna, serán cuanto menos agradables. El escenario suele ser un handicap, ya que en esta ciudad se levantan puestos ambulantes y sus correspondientes hileras de mesas y taburetes de plástico junto a una avenida por la que circulan cientos de coches {y sus tubos de escape}, en un callejón cualquiera lleno de barro y basura, junto al río, en mercados oscuros y poco limpios… Pero también a la puerta de los templos, en jardines y parques, en la entrada de los grandes centros comerciales. Y el viajero contempla con sorpresa que estos puestos estén siempre llenos de todo tipo de gente. Aquí se come, rápido, y generalmente de camino a algún lugar. Y no se respetan nuestros horarios occidentales. Se come a cualquier hora y de todo.
Una vez que los ojos y el estómago se acostumbran a esta cultura, la curiosidad puede más. Hubo un lugar en los que la fascinación y la repulsión se hermanaron por completo: Chinatown. Poco que ver con los barrios chinos de las grandes ciudades de occidente: el barullo, la aglomeración de gente, de coches, de motos, de comercios, de vida, emborrachan al que lo visita, dando una imagen de Bangkok muy alejada del cosmopolitismo del centro. De aquí a los lujosos centros comerciales como el Parangon hay miles de abismos.
Lo mejor es que veáis las fotos de David para comprobar por qué es imposible no caer en el encantamiento.

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4 pensamientos en “Comida callejera en Bangkok

  1. Pingback: Pistas tailandesas… Comida callejera (Parte I) | NO SOY OTRO GOURMET

  2. Espectacular Tailandia como país, y además un gran destino gastronómico. Siempre me acuerdo de los pad thais que tomábamos en Khao san Road por menos de un euro al cambio, no los he probado tan ricos en ningún otro sitio!
    Un blog muy interesante, un saludo.

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