Un bistró moderno (y una expo de lujo)

Bla, bla, bla, bistró o no bistró es uno de los nuevos restaurantes que han abierto en Madrid en un local de diseño atractivo y con precios muy ajustados que no suelen alcanzar los 40 euros.

A veces, las agencias de comunicación, en su empeño (completamente comprensible) de “vender” un restaurante destacan aspectos que a los que nos dedicamos a la gastronomía nos parecen “sospechosos”. Me explico. Si en la nota de prensa se extienden en la decoración del local con dos largos párrafos -dándote multitud de detalles del diseño que firma fulano o mengano de turno- una se teme lo peor: que la comida no es lo verdaderamente importante. Ocurre también cuando al cocinero le dedican un par de frases -en muchos casos ni lo mencionan- o cuando se detalla la carta de cócteles, la próxima “burbuja” gastronómica.
Si cuento todo esto es porque cuando recibí información de Bla, bla, bla, bistró o no bistró lo incluí dentro de esos sitios vistosorros pero aparentemente “pobres” en lo culinario. Me sedujo su decoración porque me recordaba a tantos locales neoyorquinos (y sí, todo lo relacionado con NY me nubla el juicio ;D). Pero lo etiqueté como un lugar al que llevar a alguna amiga poco exigente en aquello del comer pero que le encantan los locales chic (una tiene todo tipo de amistades ;D).
Pero el otro día nos acercamos a ver la exposición del fotógrafo americano Lewis Hine [muy, muy, muy recomendable] en la Fundación Mapfre y bajando por Prim pasamos por delante del Bla, bla, bla… Echamos un ojo a la carta y decidimos que si a la salida todavía nos seguía apeteciendo lo probábamos.

Hago un paréntesis merecido para incluir unas palabras sobre Hine. Lo mismo por el nombre no os suena, pero sí por la foto de abajo. Fue el encargado de fotografiar la construcción del Empire State (justo su imagen más conocida no estaba en la expo).

La obra de Hine (1874-1940) se centró principalmente en la clase obrera, y transformó su trabajo en una denuncia de las terribles condiciones laborales de la época, especialmente la explotación que sufrían los niños.

A la salida de la Fundación Mapfre hacía un frío terrible y nos refugiamos literalmente en el Bla, bla, bla…
Realmente es un restaurante bonito, especialmente la sala que se encuentra junto a la barra, muy luminosa.

La carta es sencilla, y revela los orígenes del cocinero, Michel Reynaud, de ascendencia mejicano-francesa (cuando vimos los platillos mejicanos pensamos que era uno de tantos menús en los que cabe todo, pero tenía su explicación ;D). Aunque los platos franceses son los que más destacan.

Esta fue nuestra elección:Mejillones a la Provenzal con una ligera salsa que la camarera no nos supo explicar, pero que estaba rica. El mejillón, muy correcto.

Sopa de cebolla. No sé si era por el frío, o porque es un plato que me gusta mucho, pero la disfruté intensamente.

Confit de pato con miel de naranja y patatas fritas con aceite de trufa: se echó de menos alguna salsa para el confit, pero la carne era excelente y las patatas estaban buenísimas.

Fish & Chips de corvina, sensacionales, con un ligero y crujiente rebozado especiado y acompañado de una salsa tártara. Lo voy a preparar en casa un día de estos.

Lo mejor, sin duda, de la comida, la tarta tatin, sencillamente deliciosa, y una de las mejores que he probado en la capital. Estaba acompañada magistralmente por un increíble helado de speculoos o espéculo (la galleta belga), vainilla y caramelo (eso sí, por esta escasita ración nos soplaron 9 euros).

Dos “peros”: el servicio, algo flojito [desconcertante una camarera que iba con unos mini shorts ¿?] y la copa en la que sirvieron el vino (caliente, por cierto): no sé si sería por seguir el rollo vintage del local pero parecía de taberna antigua y barata. Y una última cosa: habría que decir a los camareros madrileños que cuando pides el vino por copas no se limiten a decirte si es ribera o rioja. Yo quiero saber qué vino me voy a beber.
La visita, en conjunto, satisfactoria. La conclusión, que deberían poner más empeño en comunicar que tienen una propuesta gastronómica muy correcta y con una excelente relación calidad/precio (el total fueron 63 euros).

Las fotos y la compañía, una vez más de David.

Bla, bla, bla… Bistró y no bistró
Prim, 13. Madrid 

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