La Toscana I: Pasión carnívora

Dario Cecchini es un carnicero con pinta de gladiador. De manos grandes, mirada fiera pero simpática, gesticula como buen italiano mientras nos explica que su carne proviene de ganaderías propias que tiene en Italia y en Cataluña. Junto a él su mujer Faith, una californiana, rubia y guapa, traduce al inglés las palabras de su marido, mientras el resto escuchamos fascinados.

La escena tuvo lugar este verano en Solociccia, uno de los restaurantes que el carnicero más famoso de Italia tiene en su pueblo natal, Panzano in Chianti (Florencia). A esta pequeña localidad de postal, con estrechas y empinadas calles de piedra, acuden en peregrinación los amantes de la buena carne y los muchos seguidores que Cecchini acumuló durante los más de seis años que presentó un programa en la RAI, en el que animaba a comer carne, en todas sus formas posibles.

Panzano in Chianti

Entrada de Solociccia

Tuvimos mucha suerte porque nos dijeron que para comer había que reservar con bastante antelación y nos plantamos allí directamente. Y sí, había mesa para dos. Aunque un minuto más tarde comprobamos que el “para dos” no se ajustaba exactamente a la realidad. En Solociccia solo hay mesas comunales que van llenando a medida que llega el cliente, aunque lo que se intenta es que la mesa completa comparta la experiencia al mismo tiempo. Son tres plantas decoradas con sencillez y gusto por el diseño de calidad –estamos en Italia, no lo olvidemos– aunque jamás esperas encontrarte en un pueblo medieval un derroche de vanguardia como éste. Una escalera de hierro y cristal comunica los tres pisos, que finalizan en una sala abovedada de ladrillo visto, donde nos esperaba una mesa con dos sitios libres.

Escalera para bajar a nuestra mesa

Una de las salas

A priori la situación intimidaba un poco, pero el amor por la comida establece enseguida caminos comunes. Este es un resumen rápido de los componentes del festín: un matrimonio belga, joven, padres de cuatro hijos que estaban recorriendo la Toscana ¡en bici! Allí estaban, vestidos a lo Induráin y poniéndose morados de vino; los niños, con las abuelas. Otro matrimonio, holandeses de unos 50, que en cuanto supieron que éramos españoles no hicieron otra cosa que enumerar los restaurantes que conocían en nuestro país. Un carnicero de Melbourne, su mujer y su hija, un tipo encantador que se había recorrido varias veces Italia (y el resto de Europa) y que venía a conocer a su colega. Una pareja italiana que, curiosamente, no abrió la boca. Y nosotros. De una mesa tan ecléctica solo podía resultar un desastre o una comida para recordar. Afortunadamente, fue esto último.

La mesa

El menú, con un precio cerrado de 30 euros, vino incluido, prometía que nos íbamos a comer “una vaca entera” (así se llamaba, Menu Della vacca intera). Y casi nos la comimos. Fue una sucesión de más que correctos platos carnívoros –ternera asada estilo roast beef, cocida en especias, en paté…– acompañados de excelentes verduras frescas (en ensalada o cocinadas), garbanzos y alubias blancas. Junto al menú, la silueta de una vaca nos indicaba de qué parte del animal provenía la carne. Lo más sobresaliente, el sushi del Chianti, carne picada, tipo steak tartare, ligeramente aliñada y formando una especie de albóndigas, que pasaban muy ligeramente por el fuego (solo por uno de sus lados; el resto, en crudo). Acompañando, focaccia casera y un pan toscano (no me llegué a acostumbrar a este pan sin sal, tan apreciado por los locales), vino de la zona, café estupendo servido con un bizcocho de aceite y Grappa Cecchini con la cara del carnicero en la etiqueta.

La vaca

Arrosto fiorentino

Mischianza di fagioli e ceci

Pinzimoniodi verdure de’ll orto

Sushi del Chianti

Grappa del carnicero

Con el café llegaron Darío y su mujer, con los que compartimos una divertidísima sobremesa que terminó en la carnicería situada enfrente del restaurante. Si hubiese podido, habría llenado el maletero del coche de bistecca fiorentina o de la sensacional finocchiona, embutido típico de la zona, que a los no iniciados nos recuerda al salchichón, pero que está infinitamente mejor. Pero todavía quedaba mucho viaje por delante. ¡Una pena!

Dario y Faith

Sobremesa

El show de Dario

Fachada de la carnicería

Carnicería

Amor a la italiana

Recordándolo ahora pienso que en otras circunstancias el menú no pasaría de correcto. Pero guardo esta comida como una de las experiencias más entrañables e inolvidables que viviré nunca.

Las fotos, una vez más, de David.

3 pensamientos en “La Toscana I: Pasión carnívora

  1. Pingback: La Toscana III: A Gambe di Gatto | CocinaClandestina

  2. Gracias por compartir la experiencia, realmente apetecible por la descripción y esas maravillosas fotos que hacen que parezca que estemos dentro del establecimiento y, aunque dices que con retrospectiva el menú solo fue correcto, las fotos hacen que parezca todo excelente y desde luego muy apetecible!

  3. Pingback: La Toscana II: una taberna en Florencia | CocinaClandestina

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